LA HISTORIA



Corría el año de 1880 en Huetamo, cuando nace el niño Alfonso García, quien andando el tiempo, aprende de sus abuelos a fabricar el afamado jabón de cacahuananche al estilo indígena - con cacahuananche y ceniza -, y entra a trabajar como jabonero en la tienda “la miniatura” de doña María de Jesús granados, madre de don Rufino Castillo Granados. es ahí donde ingresa a trabajar el joven Rafael Benítez Ramírez - mi padre - quien aprende la formula del señor García, y luego se marcha a trabajar con los Rabiela de Pungarabato, dejando a mi padre como oficial de la paila de la ya “casa castillo”, donde fabrica el jabón por más de 40 años, hasta la muerte de don Rufino.
nunca supo don Rufino hacer jabón, y cuando muere atropellado cerca de la cruz gorda, todo el imperio se vine abajo y mi padre se retira de la organización castillo, quedando de ese emporio solo recuerdos. Después, mi padre y un servidor fabricamos jabón por varios años
el jabón de cacahuananche
sucede que los límites del imperio Purépecha en la antigüedad, eran hasta Cutzamala, Pungarabato, Coyuca y demás pueblos ribereños, y de este lado se hablaba la lengua purépecha; y del otro lado la lengua cuitlateca o náhuatl. allá, al jabón le llamaban “jabón de cacahuananche”, pues al árbol que da la bola de donde sale el aceite, así le llamaban en náhuatl y quiere decir” árbol del cacao”, pues su bola o semilla se parece en algo a esta. pero de este lado, le llamaban “jabón de cuirindal” – que es lo mismo – y al árbol también le llamaban así, “cuirindal” que significa “árbol de los panes” en purépecha – “de kurinda, que significa pan” -- pues a la hora de moler y prensar con piedras el molido de cuirindal, quedaban – y quedan – panes de harina comprimida -- sin aceite -- de este árbol, al que con ceniza de cuindera y otras grasas animales, elaboraban jabones muy buenos y olorosos, del cual deriva el actual jabón de cacahuananche o cuirindal que es famoso y altamente apreciado por quienes saben valorar las cosas orgánicas.
la realidad de este jabón
siendo tierra caliente de Guerrero y Michoacán una sola tierra en tiempos de antaño, compartían gastronomía, música, leyendas, tradiciones y una cultura muy interesante que aun ahora se nota; por ejemplo por allá dicen: “zhàscua” a la “zanchikua”, porque la una es en náhuatl y otra en purépecha; y llaman “churipitetes” a las luciérnagas o cocuyos, y acá les llamamos: “chupiritetes”, la diferencia es por las lenguas antiguas. esta lógica nos aclara que por allá es “jabón de cacahuananche” y por acá es “jabón de curindal”, pero es y ha sido lo mismo. además, en tierras guerrerenses tienen un proceso diferente para fabricarlo, y en Huetamo es otro, y las diferencias se notan.